'Nos hace falta un Novum Organum de verdad, hay que abrir de par en par las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también la ventana, y nosotros con ella. Es la muerte, o salir volando. Hay que hacerlo, de alguna manera hay que hacerlo.' (Cortázar, Rayuela)
sábado, 31 de marzo de 2012
Imposible terminar (?) con un punto final
Si pudiese dejar mi cabeza por un minuto
Apoyarla, abandonarla, en el banco mas cercano,
porque cargarla todos los días agota
No se puede vivir con tanto peso encima.
Si solo la pudiese largar, por un único minuto.
Me liberaría al aire alrededor,
Me dejaría llevar con el viento,
Sería un dios mirando desde arriba.
Desde todas partes.
Sin nada en que pensar
sin nada que decir
Sin nada de nada.
Sin sin.
Sintiendo
Viviendo
sin mi cabeza
solo con mi alma
me dejaría ir
Apoyarla, abandonarla, en el banco mas cercano,
porque cargarla todos los días agota
No se puede vivir con tanto peso encima.
Si solo la pudiese largar, por un único minuto.
Me liberaría al aire alrededor,
Me dejaría llevar con el viento,
Sería un dios mirando desde arriba.
Desde todas partes.
Sin nada en que pensar
sin nada que decir
Sin nada de nada.
Sin sin.
Sintiendo
Viviendo
sin mi cabeza
solo con mi alma
me dejaría ir
El arbol; ella y él
Su presencia enraizada, firme. Ella sentada a sus pies. Apoya todo el peso de su cuerpo en él. El la sostiene, no se opone, no resiste. Sus brazos se estiran sobre ella, envolviéndola, techándola, protegiéndola. Después de un suspiro ella le acaricia los pies, huele su piel erguida, se eleva en su fragancia almendrada. él la mima con un soplo, la envuelve en su sudor caliente. Y más se acerca ella. Se apoya con el peso entero de su cuerpo. En un ataque de repentina bronca, la posee un agridulce ímpetu de empujarlo de sus cimientos. Sacudirlo. Despertarlo. Volverlo real. Desmesurado dilema, propasada paradoja. Pues lo que encontraba en él no lo encontraba en nadie más.
Su presencia impecable en el rincón del parque a la espera de ella, aquella firme fidelidad que nadie más podía ofrecerle, solo su inhumanidad podía garantizar.
Su presencia impecable en el rincón del parque a la espera de ella, aquella firme fidelidad que nadie más podía ofrecerle, solo su inhumanidad podía garantizar.
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